Es difícil saber por qué, pero a veces una gota de agua rebosa un vaso, un soplo de viento cambia el rumbo de una veleta y un grano de arena se convierte en la cúspide de una montaña insalvable.
Pequeñas cosas, diminutos acontecimientos, nimias vivencias y experiencias han provocado guerras y revoluciones; han proclamado vencedores y vencidos y han causado ilusiones y desidias.
En estos momentos hay que saber replantear lo planteado. Saber dar marcha atrás para poder seguir adelante. Volver a pensar, para pensar mejor. Porque aunque parezca que se tira la toalla, quizá no se hace más que aligerar una carga que ha resultado ser más pesada de lo esperado.