26.2.09

Cuestión de confianza

Sí, ya se que ese era el eslogan del PP en 2008, pero no vamos a dejar que se apropien también de las palabras no? Bueno, dejo el rollo mitinero que no es el estilo de este blog.

Hablo de la confianza. Es difícil saber qué mecanismos se ponen en marcha entre dos personas para establecer un vínculo de confianza. Lo cierto es que la mayoría de las ocasiones nuestras propias experiencias vitales nos impiden como muros insalvables entregarnos a la confianza en el otro. Así si alguién nos afirma algún esfuerzo o intento de complacernos primero miramos desde detrás de ese muro y desafortunadamente ha de ser la otra persona la que se dedique a derribarlo pues nosotros no estamos dispuestos a coger una escalera para subir a ver qué hay al otro lado.

la verdad es que no sé si me explico, pero la confianza en mi opinión debe ser muchas veces irracional, parte de ese instinto que tantas tortas nos ha hecho darnos pero que nos hace sentir mejor con nosotros mismos, que nos reconforta.

Confiar en otro nos hace mejores, nos facilita la propia existencia. porque ser confiado no ha de ser sinónimo de ignorante sino de atrevido; y es que pocas cosas hay más atrevidas que confiar en el otro. Y al fin y al cabo los riesgos que tomamos en la vida son los que nos llevan a nuestros mayores éxitos.

14.2.09

La mejor defensa

La mejor defensa es un buen ataque, eso dicen algunos. Desde luego, cuando te atacan tienes que tomar una decisión entorno a tu defensa: ejercerla o no y en caso de hacerlo cómo y en qué grado.

Sin embargo aquellos que toman la decisión de que la mejor defensa es un buen ataque suelen tener varios denominadores comunes.

Algunos ejercen esta mejor defensa simplemente para evitar asumir los errores propios y para ello catalogan a los que evidencian estos errores de atacantes. Son esos que de niños acababan diciendo que la pelota era suya y se la llevaban a casa y que de mayores se enfadan con un juez porque les han levantado el chiringuito a algunos de los suyos y pretenden volver a llevarse la pelota a casa sin darse cuenta que esta vez la pelota es de todos por mucho que hayan intentado apropiarsela continuamente.

Otros que ejercen esta mejor defensa son esos brillantes impostores que ha vivido a la sombra de la casualidad y el pasaba por aquí y cuya mediocridad les aterroriza incluso a ellos mismos. Éstos se creen agredidos por aquellos que han puesto de manifiesto (aunque haya sido de manera involuntaria) la esencia mediocre del brillante impostor. Si los primeros eran esos que de niños se llevaban la pelota, éstos son de esos que directamente la pinchaban y de mayores, ante la ausencia de pelota, intentan meter directamente el dedo en el ojo de los delatores de su mediocridad.

En definitiva, todos los que eligen esta mejor defensa no son más que los que añoran aquellos tiempos en que su voluntad y sus acciones no eran expuestas a la evidencia y el juicio pues no soportan la espera del veredicto. Quizá estas acciones y ese morir matando sean la mejor prueba de esa culpabilidad congénita a su propia mediocridad.

4.2.09

Gracias, pero ya no le necesitamos

Dramática, horrenda, espeluznante... son muchos los adjetivos que podemos ponerle al terrible aumento del paro en España en los últimos meses. Cada día decenas de ciudadanos reciben la cruel y desgarradora noticia que termina con ese "gracias, pero ya no le necesitamos". Son muchas las cosas que se pasan por la mente en ese momento en el que el nuevo parado se siente en el epicentro del drama social. En primer lugar, la injusticia de padecer la ambición y el desenfreno capitalista de unos pocos. En segundo lugar, la angustia en el devenir. Y en tercer lugar las toneladas de responsabilidad sobre los hombros que hacen sentirse responsable incluso por sentir decaimiento y desasosiego. Ni siquiera sienten propio en el derecho a la autocompasión, que aumenta el sentimiento de culpa de estos inocentes condenados.

Particularmente dramático es el caso de aquellos que una vez lo dejaron todo para buscar una vida mejor. Abandonaron su país, su familia, su casa... su vida entera. Durante meses, años, hemos vivido con ellos, han pagado las pensiones de nuestros abuelos como si fueran los suyos, sus hijos han ido a la escuela con los nuestros, han sido nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos, nuestros iguales. Pero en el momento de llegar la crisis la letra escarlata de su procedencia sale a relucir.

En Italia se persigue a los inmigrantes ilegales privándoles incluso del derecho de una atención sanitaria no temerosa y en Inglaterra salen pancartas en las manifestaciones pidiendo trabajo sólo para los nacionales.

Pocos actos egoistas se me antojan más despreciables que este injusto repudio que en momentos de crisis se escuda en ese "Gracias, pero ya no le necesitamos" para permitir aflorar la xenofobia y el racismo más cruel e intolerable. Si juntos compartimos la bonanza, juntos debemos vivir la caida. Porque ninguna situación, por desesperada que sea, debe permitir el intento de mitigar una injusticia con otra mayor. Si así lo hacemos la bola de nieve antes o después pasará sobre nosotros y nadie estará ahí para apartarnos de su camino.
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